Minicuento: Piel con piel

mini cuento

 

Un dolor intenso, profundo, la obligó a abandonar el sueño, a intentar abrir los ojos, despegar los pesados párpados, los labios resecos, la boca pastosa, un sabor amargo en el paladar, una luz blanca y fría abriéndose paso entre sus pestañas, un parpadeo rápido, como el aleteo nervioso de un pájaro, una lágrima contenida escapando  y resbalando por la mejilla, las manos entumecidas, los dedos en un vago intento de desperezarse, los brazos sometidos bajo unos cables, el dolor, de nuevo el dolor, frío en sus hombros desnudos, el áspero roce de la sábana en la piel, los pies prisioneros de un incómodo hormigueo, las piernas intentando huir del pesado letargo, el neón indeciso, tiritando, el frío, el intenso frío, el vello erizado, clamando calor, refugio, abrigo, y aquel dolor insistente, arrancándola del sopor, forzándola a sentirlo, a percibir el aséptico olor, el denso silencio, la oscuridad alumbrada por la luz artificial, pasos en la distancia, un coche que se aleja, o quizás se acerca, las sábanas entre sus manos, agarrándolas con exigua fuerza, los ojos, semiabiertos, desbordados, el llanto, el ansiado llanto, dibujando húmedos caminos en su cara, pestañea nerviosa, en un intento de detenerlo, apaciguarlo, contenerlo, mientras se muerde el labio, que incontrolado, tiembla, de frío, de dolor y de llanto.

Un leve gemido, pequeño, pero que llena toda la habitación, hace que abra los ojos, todo borroso tras las lágrimas, sus manos se despiertan, secando el rastro de tristeza de sus mejillas, torpemente buscan asirse a las barandillas de la cama, intentando incorporarse para encontrar el tenue murmullo que resuena rompiendo el duro silencio, su cuerpo le falla, el dolor se agudiza, desespera, resopla en el esfuerzo, aprieta los párpados, soltando el aire, olvidando cualquier dolor porque aquel sollozo suena, la llama, la reclama y ella, desesperada necesita calmarlo.

Siente la calidez de una mano en su brazo, se sobresalta, reconoce la cara, la sonrisa, se deja recostar, vencida, un pero quiere salir de su boca, pero él se lo acalla con un beso, primero en los labios, después en la frente, le aparta con cariño el pelo de la cara y le susurra; espera.

Le retira la sábana, siente un ligero peso y un agradable calor reposando sobre su pecho, un rápido latido sobre el suyo, un dulce olor, y de nuevo aquel gemido, sus manos responden presurosas cobijando el pequeño cuerpo, sus miradas se encuentran, de nuevo florece el llanto, ahora lento, agradecido, sosegado, su piel sintiendo los suaves movimientos de aquella parte de sí misma, convertida ahora en ser, y le abraza, le huele, le siente, y el frío, el dolor y la tristeza desaparecen.

 

Deja un comentario

error: Content is protected !!